La pared en la cual los profetas escribieron
Se está agrietando en las costuras.
Sobre los instrumentos de la muerte
La luz del sol destella brillantemente.
Cuando rompen en dos a cada hombre
Con pesadillas y con sueños,
Nadie endecha la guirnalda del laurel
Como el silencio ahoga los gritos.
Entre las puertas del hierro del sino,
Las semillas del tiempo fueron sembradas,
Y regado por los hechos de ésos
Quién saben y se saben quién;
El conocimiento es un amigo mortal
Cuando nadie sistemas las reglas.
El sino de toda la humanidad que veo
Está en las manos de tontos.
La confusión será mi epitafio.
Como me arrastro una trayectoria agrietada y quebrada
Si la hacemos podemos todos sentarnos cómodamente
Y risa.
Pero temo que esté gritando mañana la enfermedad,
Temo sí que esté gritando mañana la enfermedad.


